Esta es una de las frases que más escuchamos los nutricionistas especializados en alimentación infantil, tanto en consulta como en comedores escolares, cuando tratamos de mejorar la dieta de los más pequeños.
El problema es que precisamente porque son niños, cualquier deficiencia nutricional o exceso de alimentos poco saludables les afecta mucho más que a un adulto.
La magnitud del problema: 40% de sobrepeso infantil en España
En España, 4 de cada 10 niños tienen sobrepeso – Estudio Nutricional de la Población Española (ENPE). Esta cifra debería ser suficiente para abandonar la excusa de que «ya comerán bien de mayores».
Los hábitos alimentarios inadecuados adquiridos en la infancia se arrastran durante toda la vida, favoreciendo enfermedades como:
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Obesidad infantil y adulta
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Diabetes tipo II
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Problemas cardiovasculares
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Ciertos tipos de cáncer
La alimentación es más importante que las matemáticas
Si un niño no disfruta de las matemáticas, buscamos motivarle, no eliminar la asignatura.
Con la alimentación debería ocurrir lo mismo: no podemos dejar que su dieta se base solo en lo que les gusta, sobre todo si es poco saludable.
Cada alimento ingerido pasa a formar parte de su organismo:
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Huesos
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Músculos
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Cerebro
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Corazón
Dar alimentos de baja calidad es como construir una casa con cimientos defectuosos.
La atención que damos a la alimentación en los primeros años
Al salir del hospital con un bebé, los padres saben que la alimentación es prioritaria.
Si rechaza su papilla de verduras, carne, pescado o frutas, buscamos alternativas, adaptamos recetas y mantenemos la constancia.
Esa misma implicación debe mantenerse durante toda la infancia.
Alimentación y rendimiento escolar: una relación olvidada
La dieta infantil no solo influye en la salud física, sino también en el rendimiento académico. El menú diario es, en realidad, el menú de las neuronas.
Factores que influyen
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Calidad del desayuno
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Elección de almuerzos y meriendas
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Consumo de azúcares simples y ultraprocesados
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Actividad física diaria
El desayuno y su impacto en la concentración
La mayoría de niños desayuna:
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Lácteos azucarados (cacao instantáneo, yogur con azúcar)
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Bollería industrial o galletas
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Pan blanco
Este patrón provoca picos de glucosa seguidos de bajadas bruscas, generando:
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Falta de energía
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Irritabilidad
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Disminución de la capacidad de atención
A media mañana, el problema se repite con almuerzos basados en bollería, zumos industriales y pan refinado.
Meriendas: el momento en que repetimos errores
En muchas familias, las meriendas siguen el mismo patrón de ultraprocesados y azúcares. Mantener esta rutina durante años aumenta el riesgo de diabetes tipo II, enfermedad que hace una década solo aparecía en adultos y que hoy se diagnostica en adolescentes y niños.
Te dejamos aquí el enlace a un descargable de recetas saludables para merendar.
Enseñar a comer es parte de la educación
La educación alimentaria es tan importante como la académica.
Padres, profesores y responsables de comedores escolares comparten la responsabilidad de crear hábitos saludables que acompañen al niño toda su vida.
Preguntas para la reflexión
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¿Era nuestra dieta tan alta en azúcares como la de nuestros hijos?
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¿Éramos tan sedentarios como ahora?
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¿Celebrábamos tantos cumpleaños con comida poco saludable?
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¿Consumíamos tantos ultraprocesados?
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¿Bebíamos tantos refrescos y zumos industriales?
Consejos prácticos para prevenir obesidad y diabetes infantil
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Priorizar frutas, verduras y legumbres en cada comida.
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Sustituir azúcares y ultraprocesados por alimentos naturales.
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Incluir proteínas de calidad: pescado, carne magra, huevos.
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Usar cereales integrales en lugar de refinados.
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Fomentar la actividad física diaria.
Conclusión
Si este artículo logra que una sola familia reconsidere la dieta de sus hijos —y la suya propia— ya será un éxito.
Porque alimentarse de forma saludable empieza con un paso muy sencillo: replantear lo que ponemos en la mesa.
